Las bases de datos siguen siendo uno de los principales objetivos de los ciberataques. En ellas se concentra la información más sensible de cualquier organización: datos de pacientes, fórmulas, historiales de producción, información financiera o datos personales de clientes. En la economía digital, la información es poder, y protegerla ya no es opcional.
En este artículo buscamos explorar cuáles fueron los incidentes más comunes de los últimos años y cómo evolucionó la protección de bases de datos en 2025, para ayudarte a reducir riesgos y tomar mejores decisiones en cuanto a ciberseguridad en el 2026.
Cada año se registran cientos de incidentes de ransomware y fugas de información que tienen como objetivo directo o indirecto las bases de datos corporativas, con impactos económicos, regulatorios y reputacionales difíciles de asumir. Recientemente hemos detectado importantes ciberataques que vale la pena resumir:
Con la entrada en vigor de la Directiva NIS 2 en la Unión Europea, muchas empresas, incluidas pymes proveedoras de sectores críticos, se enfrentan además a nuevas obligaciones de ciberseguridad, plazos estrictos de notificación y sanciones relevantes en caso de incumplimiento. En este contexto, contar con una estrategia de seguridad en bases de datos coherente, actualizada y alineada con la normativa es clave para reducir riesgos y asegurar la continuidad del negocio.
La información sensible de la mayoría de compañías se almacena en sistemas gestores de bases de datos: SQL Server, Oracle, MySQL, PostgreSQL, bases de datos en la nube (Snowflake, Azure SQL, AWS RDS, BigQuery, etc.). Los atacantes buscan precisamente estos repositorios porque allí encuentran todo lo necesario para extorsionar, robar propiedad intelectual o cometer fraude.
Para lograrlo, explotan principalmente:
Durante años, la estrategia se basó en levantar un “castillo” alrededor de los sistemas: firewalls, IDS/IPS, antivirus, pero en 2025 el perímetro es difuso: trabajamos en remoto, usamos SaaS, multi cloud y proveedores externos que también tocan nuestros datos.
Casos recientes como los de Snowflake, Santander o El Corte Inglés demuestran que ya no basta con proteger la red interna: hay que asumir que los datos pueden estar repartidos entre múltiples plataformas y terceros.
Por eso, la seguridad de las bases de datos debe pasar de “proteger la muralla” a proteger los datos e identidades allá donde estén, bajo un enfoque Zero Trust.
Además de las vulnerabilidades clásicas, hoy debemos tener en cuenta:
1. Entornos cloud y multi cloud mal configurados
Muchas organizaciones han llevado sus bases de datos a la nube por flexibilidad y escalabilidad. Sin embargo, configuraciones incorrectas, falta de MFA (autenticación multifactor) o claves de acceso expuestas en repositorios de código pueden abrir la puerta a fugas masivas de información.
El caso Snowflake mostró cómo la combinación de credenciales robadas por malware y entornos sin autenticación multifactor ni controles adicionales permite a un atacante pivotar entre múltiples bases de datos alojadas en la misma plataforma, con impacto en decenas o cientos de organizaciones a la vez.
Es habitual que una misma organización tenga datos repartidos entre varios proveedores (IaaS, PaaS, SaaS) y regiones, lo que complica el gobierno y la protección del dato si no se dispone de políticas y herramientas unificadas.
Cada vez más incidentes llegan a la empresa a través de sus proveedores. Un fallo en la seguridad de un tercero con acceso a nuestras bases de datos o sistemas puede convertirse en el “eslabón débil” que abre la puerta al atacante.
El incidente de Santander en 2024, donde se accedió de forma no autorizada a una base de datos de clientes y empleados alojada en un proveedor externo, o el ataque a un proveedor de El Corte Inglés en 2025, que expuso datos personales y números de tarjeta de compra de clientes, son ejemplos claros de cómo un tercero puede convertirse en la puerta de entrada a información crítica.
Esto afecta tanto a integradores, como a proveedores de software, hosting, servicios cloud o empresas que procesan información en nuestro nombre.
Los atacantes roban credenciales mediante phishing, malware o infostealers y las utilizan para entrar como si fueran usuarios legítimos, a veces con privilegios elevados.
Si no hay autenticación multifactor, revisiones periódicas de permisos o monitorización de actividad, el ataque puede pasar desapercibido durante semanas y provocar fuga, destrucción o cifrado de grandes volúmenes de datos.
La inteligencia artificial se utiliza ya para detectar anomalías y patrones sospechosos en tiempo real, tanto en redes como en bases de datos. Modelos de machine learning permiten identificar comportamientos atípicos de usuarios, aplicaciones o servicios con acceso a información crítica.
Pero también aparece una nueva superficie de ataque: los modelos de IA generativa y sus integraciones con aplicaciones y bases de datos. Los ataques de prompt injection manipulan las instrucciones de los modelos para obtener datos o ejecutar acciones no autorizadas, y ya han sido objeto de advertencias específicas por parte de distintas agencias de ciberseguridad.
Aunque el contexto haya cambiado, muchas debilidades clásicas siguen siendo las puertas de entrada en 2025:
Usuarios que utilizan combinaciones sencillas o repetidas en distintos sistemas, o accesos a bases de datos sin autenticación multifactor, facilitan el trabajo a cualquier atacante que haya conseguido credenciales filtradas o robadas.
Cuentas de aplicación y usuarios humanos con permisos de lectura, escritura y administración cuando solo necesitan consultar datos. Cualquier compromiso de estas cuentas puede derivar en borrado, cifrado (ransomware) o exfiltración masiva de información.
Módulos, servicios y paquetes instalados por defecto en el motor de base de datos, que no se usan, no se parchean y acaban siendo una puerta abierta a vulnerabilidades conocidas.
No aplicar parches críticos a tiempo supone dejar vulnerabilidades aprovechables de forma casi industrial por atacantes automatizados. Y si además la base de datos no está cifrada, cualquier acceso no autorizado permite leer los datos en claro.
La inyección SQL sigue siendo uno de los ataques más frecuentes contra aplicaciones web y APIs que acceden a bases de datos. La falta de validación de entrada, el uso de consultas dinámicas sin parámetros y la ausencia de pruebas de seguridad lo convierten en un clásico que todavía funciona demasiado bien.
Basándonos en las buenas prácticas tradicionales, las actualizamos con una visión alineada a Zero Trust, cloud y NIS2 para que tengas una guía para comenzar el 2026 con el pie derecho en cuanto a ciberseguridad:
El objetivo es pasar de “creo que está seguro” a “sé exactamente dónde están mis debilidades”.
La tecnología sin gobierno y sin cultura de seguridad se queda corta:
En Ambit Iberia ayudamos a empresas de sectores regulados y críticos a proteger sus datos más sensibles, tanto en entornos on-premise como en la nube. Acompañamos a nuestros clientes en todo el ciclo:
Si quieres revisar la seguridad de tus bases de datos o adaptarte a las nuevas obligaciones regulatorias, podemos ayudarte a definir la estrategia adecuada para tu organización. Contáctanos.